Por Juan Sánchez Mendoza
Ciudad Victoria, Tamaulipas. – Aunque el dirigente del Partido del Trabajo (PT) y su par del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) –Alberto Anaya Gutiérrez y Karen Castrejón Trujillo, respectivamente–, han externado disposición para que sus grupos camerales apoyen la reforma electoral, no hay certeza de que así ocurra.
La misma presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, al preguntársele en su conferencia de prensa mañanera –el viernes 23 de enero–, ¿el apoyo está garantizado?, se limitó a contestar: ‘Pues vamos a ver”.
Esto, quizá porque ambos membretes, igual que el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Movimiento Ciudadano (MC) se rehúsan a aceptar 1) la eliminación de diputados y senadores plurinominales, 2) la reducción del financiamiento público para sus actividades ordinarias, y 3) la propuesta de anular las alianzas partidistas en procesos electorales.
En febrero próximo, a más tardar en la segunda semana del mes será presentado el proyecto final de la iniciativa de reforma electoral, por lo que, a partir de entonces, sobre el tema se multiplicarán las opiniones, a favor y en contra.
Días después la iniciativa se remitirá al Senado de la República, como al Palacio Legislativo de San Lázaro, para su análisis y enmiendas, previos a la discusión en los plenos parlamentarios en que será votada.
Para sacarla avante se requiere mayoría una calificada. O sea, el voto a favor de 334 diputados y 85 senadores, que no los tiene Movimiento Regeneración Nacional (morena).
En la cámara baja, el membrete guinda cuenta con 253 diputados, por lo que requiere el apoyo de los 62 verdes y los 49 petistas –o, de al menos, 81 de ellos–, y en la cámara alta tiene 67 senadores, de los 85 que dicta el marco legal, por lo que el PVEM pretende vender caro a ‘sus’ 14 y el PT a ‘sus’ 6, aunque casi todos ellos solo sean prestados, pues en el proceso electoral de 2024 se simuló que representan a esos membretes, cuando en realidad su sello es morenista.
De ahí que el diputado Ricardo Monreal Ávila estime que, sin el apoyo de ambos partidos no hay posibilidades de reforma electoral, aun y cuando los dirigentes nacionales de los ambos membretes se hayan comprometido ante la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, a que la reforma va.
El membrete albiceleste, por su parte, hace un planteamiento absurdo: desaparecer a los partidos políticos ligados al narco, como si esto pudiera comprobarse, aun cuando el membrete albiceleste les dio cabida a varios personajes ligados a grupos terroristas (como les llama Donald John Trump), como Genaro García Luna, Fernando Gómez-Mont Urueta, Diego Fernández de Ceballos y Francisco Javier García Cabeza de Vaca, entre otros.
Empero, igual a través de su dirigente nacional Jorge Romero Herrera, plantea dos temas interesantes que podrían considerarse en la reforma: 1) que haya elecciones internas en todos los partidos; y 2) segunda vuelta en la elección presidencial, además de proponer el voto electrónico y eliminar la sobre y sub representación legislativa.
Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, el mentado ‘Alito’, que es dirigente del tricolor, afirma que “la reforma es una farsa que impulsa morena. Una mentira vil para instaurar una narco-dictadura terrorista y comunista en México”.
El membrete naranja, por su parte ha hecho llamados al PVEM y al PT para que no apoyen la reforma electoral porque tiende a restarle su presencia legislativa y hasta quizá su desaparición.
En fin, cada cual se mueve a su propia conveniencia.
Lo cierto es que, con reforma, sin reforma y a pesar de la reforma, sólo seguirá habiendo ‘chapulineo’ político.
Ahora bien, en el caso de que no se concrete el consenso legislativo al discutirse la iniciativa en los plenos camerales, ¿qué pasaría?
Nada, absolutamente nada. Todo seguiría igual. Pero morena le daría la espalda al PT y al PVEM en los futuros procesos electorales corriendo el riesgo, ambos, de perder su registro al jugar solos.
De ahí la apreciación de que, perdiendo ganaría la presidenta.
Y de paso le quitaría tanto lastre al avance de la democracia.







