Por Melitón Guevara Castillo

 

La pandemia del Covid-19 tiene consecuencias múltiples: los tiene en salud, con los contagios y los fallecimientos; los tiene en la economía, porque ya se acepta, no se puede negar, que la recesión es inevitable; la recesión pega, sin duda, en otras variables como es el empleo y, sin la menor duda, en la pobreza extrema.

Partimos de datos duros, que son los que proporciona la propia autoridad. Hasta ayer viernes, el Covid-19 nos presenta el siguiente panorama: 42,595 contagios; 2,409 nuevos contagios; 4,477 fallecimientos y 10,057 contagios activos (últimos 14 días).

En Tamaulipas, los datos del viernes son: positivos 953, activos 540, recuperados 353 y 60 defunciones. En Victoria los datos son: positivos 148, en investigación 52, recuperados 91 y 5 defunciones.

Sobre el empleo, a nivel nacional, el IMSS ha difundido que en los meses de marzo y abril se perdieron 680 mil empleos formales, es decir, empleos que proporcionan patrones afiliados al IMSS. Y ya lo dijo el presidente AMLO: las empresas tienen que hacerse responsable de los empleos, pero si se cierran ¿cómo recuperar, digamos a corto plazo, tantos empleos perdidos?

Con la pérdida de los empleos aparece un pronóstico que, al provenir de una entidad gubernamental, debemos considerarla conservadora: El CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de las Política de Desarrollo Social) pronostica que la crisis económica propiciada por el Covid-19 va a generar un incremento en los niveles de pobreza extrema. Pronostica que se incrementaran de 6.1 a 10.7 millones.

Se entiende que el CONEVAL hace su pronóstico partiendo de la política económica y fiscal, y el programa gubernamental para atajar las consecuencias económicas del confinamiento social. Pronóstico que va acorde, digamos, con los puntos de vista de organismos internaciones.

Sin embargo, aquí AMLO no ha dicho que tiene otros datos, sólo pide que en lugar de valorar los ingresos, la canasta básica y la inflación, se mida la felicidad de los mexicanos, como una medida de bienestar social.

En estos días hay dos posturas, o afirmaciones contradictorias, de la acción gubernamental. Por un lado, afirman que estamos (a nivel nacional) en el pico de la pandemia; y por otro, que se aplanó la curva. Entre que si estamos en una u otra, ya decidieron que a partir del 1 de junio concluye la estrategia de la sana distancia; que a partir del 18 de mayo, algunos municipios reactivan sus actividades y el resto, un semáforo indicará el inicio de la 2ª (18 al 30 de mayo) y 3ª etapa (a partir de junio).

Vale asentar que el presidente AMLO en su optimismo hace notar que ya se ve la luz del final del camino, del túnel del Covid-19. Por eso, ya hay un programa por etapas para reactivar toda la actividad económica. Y el momento es crítico: Estamos en los picos de los contagios. Por eso, un amigo periodista nos recuerda que, en España la segunda vuelta fue, prácticamente, 4 veces mayor que la primera fase.

Y nos recuerda: la historia se repite, precisamente, porque no se valora la experiencia histórica.

Medio mundo, por no decir que todos, deseamos que termine el encierro, el aislamiento social. Pero, eso sí, queremos conservarnos sanos y salvos; y la única manera de hacerlo, aquí y en todos lados, es cumpliendo con las medidas sanitarias que el Gobierno nos indica. Y es que, en algunos lugares, por decir, han tomado decisiones drásticas: Jaumave y Llera, por ejemplo, no dejan entrar a turistas ni a quienes visitan a sus familiares… es, simplemente, una medida extrema.

El Gobierno federal ya dio tres etapas para cancelar el aislamiento social. Sin embargo, el propio AMLO ha señalado que en cada estado y municipio corresponde a sus autoridades decidir en última instancia. Y, por lo que se ve, aunque a nivel nacional ya estamos en los picos de la pandemia, puede ser que en la entidad no, y eso puede retrasar unos días más volver a la nueva normalidad, como dice el Presidente.

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