Por Melitón Guevara Castillo

 

Para estos momentos, la cuenta del aislamiento social, eso de ¡quédate en casa!, ya cumple un mes; y según las últimas disposiciones del Gobierno federal, se planea que unos terminen para el 17 de mayo y otros hasta el 31 de mayo, en pocas palabras, al menos para los victorenses, aún nos falta mínimo un mes, salvo que suceda como en otros países, que luego se alarga.

Ha sido un mes complicado, difícil, para todos. Por un lado, hemos sido bombardeados con miles y miles de datos sobre la pandemia; y, lo más lamentable, miles y miles de consejos que no tienen nada de racional o científico, que van desde poner una secadora en nuestra nariz para calentar las fosas nasales hasta de comer ajo y un sinnúmero de hierbas… y a unos, por otra parte, les vale el ‘aislamiento social’, porque están convencidos de que no pasa nada.

 

Los hechos actuales

En realidad no puede uno hablar de hechos actuales, porque a cada minuto se van actualizando o, mínimo, cada día. Lo cierto, indiscutible, es que hay una estadística internacional, otra nacional y la estatal y municipal.

Así, en estos contextos, no se puede negar u ocultar una realidad. De manera formal hay una estadística, con todo y que algunos piensen y hasta aseguren que son datos maquillados.

Por consignar unos datos, los últimos que ayer se difundían, son los siguientes: Fallecimientos en Italia 21,645; España 19,130; Francia 17,168 y Estados Unidos 36,097 y haciendo notar que tan sólo en Nueva York van 14 mil. Estos datos, comparados con los de México, vamos bien: 486 y en Tamaulipas apenas 5. Claro, hay un detalle, según el Gobierno federal aun no entramos a la fase de pandemia… en relación con otros países, vamos pues, secuencialmente atrás.

 

Sentencia de muerte

Nos han insistido, una y otra vez, que para evitar el contagio son dos estrategias: lavarnos constantemente las manos y el aislamiento social.

¡Quédate en casa! Ha sido la consigna y la explicación es sencilla: evitar que el contagio sea masivo y no colapsar al sistema de salud.  Si todos nos enfermamos, nos contagiamos, al mismo tiempo, no habrá camas ni respiradores para todos.

Los estudios indican que los contagios más graves recaen en los adultos mayores y, aun más, en aquellos que padecen una enfermedad crónico-degenerativa: hipertensión, diabetes, obesidad, problemas cardiacos, por decir. Ante esta situación el doctor Hugo López-Gatell, el vocero oficial, fue contundente: ante un caso crítico, el respirador se debe usar en quien vaya a vivir más, es decir, el mas joven… Soy adulto mayor y diabético, ya me amolé.

 

Miedo colectivo

En una situación crítica, sea personal o colectiva, sea de cualquier índole, la primer reacción que tenemos es de temor, de miedo; de que seamos incapaces de soportar la prueba. Y, con miedo, es cuando se toman decisiones equivocadas, apresuradas o tan simple, a botepronto. Y el riesgo, en estas circunstancias, es siempre mayor, precisamente porque no se piensa, no se reflexiona. Es el miedo, en todo caso, el mayor enemigo que muchas personas poseen.

Estoy convencido que todo es cuestión de actitud: cuando un vaso contiene agua, digamos, hasta la mitad, ¿que se piensa al momento de verlo? Unos dirán, digamos que está medio vacío, otros, que está medio lleno. El primero puede ser pesimista, porque le falta medio vaso para estar lleno; el otro, positivo, porque sabe que tiene, cuando menos, la mitad del vital líquido. Eso es, entiéndase, un pensamiento positivo.

 

Pensamiento y acciones asertivas

Yo no puedo, ni debo, pensar que el Covid-19 me va a matar. Sí puedo pensar que, dada su naturaleza, sí me puedo contagiar; porque las probabilidades de hacerlo son mayores. Pero tengo que pensar, sin la menor duda, que no me va a afectar, que no voy a morir y, debo así pensarlo, porque en lugar de dejarme dominar por el miedo, pienso de manera racional: que puedo vencerlo, dominarlo y acabarlo.

Y la medicina, la receta, es precisamente actuando con un pensamiento y una acción asertiva: positiva, dejar, abandonar la negativa.

Tengo que pensar, tener la certeza de que si me cuido, de que si desarrollo acciones de limpieza, de sanitización, de ‘Susana distancia’, el Covid-19 me hará lo que el viento a Juárez: nada, porque me protejo, le impido llegar y anidar a mi cuerpo, desarrollarse. Con una actitud asertiva de cuidado y de responsabilidad personal, familiar y social.

¡Quédate en casa!