El coronavirus y nuestra fragilidad

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Por Eusebio Ruiz Ruiz

 

Un virus microscópico nos recuerda nuestra fragilidad y vulnerabilidad. Qué pequeños somos los seres humanos. Ya han muerto cerca de 7 mil personas en el mundo. Este mal microscópico nos grita que el sistema de salud es muy pequeño, precario y endeble.

Sólo visible con el microscopio, pero demasiado fuerte, al grado que se desploma la bolsa de valores, tambalea la economía, se hunde el precio del petróleo, tiemblan las instituciones. El coronavirus golpea al hígado y a la cabeza del capitalismo y acierta otro golpe más a todo lo que se atraviese.

La enfermedad provoca que el pánico se apodere del humano, las fronteras se cierran y otras se abren de más (como las nuestras), el nerviosismo llega, surge la impotencia, el racismo se hace notar, se originan conflictos, se destapa el fanatismo religioso, aparecen los que se creen teólogos estableciendo la relación apocalipsis-pandemia-escatología.  

La pandemia deja al descubierto y totalmente desnudas a las instituciones públicas de salud que por décadas no han sabido responder a las necesidades de millones de mexicanos, antes todo lo querían arreglar con un mejoral o una cafiaspirina, hoy con un paracetamol. El coronavirus demuestra el abandono institucional en materia de salud.

Y para acabarla, el coronavirus sigue corriendo mucho más rápido que las acciones. Da la impresión que en algunos lugares están espera del primer muertito cercano, en el contexto en el que estamos la indiferencia e insensibilidad, es agresividad.

Los párrafos anteriores me hacen recordar la frase del miércoles de ceniza: ‘Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás’, porque ante la pandemia somos demasiado frágiles individual y socialmente, lo peor es que nos sentimos grandes, con el mundo a nuestros pies, con el derecho a pisotear, nos creemos dueños de la salud, la vida y la muerte, me da la impresión de que uno que otro se siente un ser divino.

La primera semana laboral se ha terminado, muchos tuvieron que hacer un alto forzoso a causa del coronavirus, otros no lo hicimos, no porque seamos inmunes, irresponsables, muy valientes o porque queramos ser mártires, no, nada de eso, la causa real es la necesidad. 

Sin lugar a dudas, para médicos, químicos, enfermeras y el resto de personal que trabaja en hospitales, clínicas, laboratorios y consultorios, el trabajo ha sido más intenso y arriesgado, su vocación la demuestran en cada instante.

De cualquier manera, la pandemia obligó a cambiar el ritmo de vida, si para unos ha sido un alto, un encierro, un apártate de los demás y un incremento en medidas higiénicas, todo como prevención; para los que laboran en el campo de la salud ha sido trabaja más, más de prisa y con mayor eficiencia.

No hice un alto en la semana, sólo cambié de ritmo, algo me ha dejado estos días caminados con paso diferente. Aprendamos de este alto obligado, después de todo la vida siempre nos da lecciones, a veces las entendemos por las buenas, y en otras ocasiones, como la que hoy vivimos, parece como si fuera con la cuarta en la mano.

Vivencias y pensamientos que surgen del trato con el amigo, el compañero, el vecino y del ir y venir diario es lo que le comparto en 7 puntos.

1.- El 9 de marzo, el día sin mujeres, escuché a una de esas figuras públicas hablar maravillas, perlas, diamantes y flores de ellas. En este alto semanal me topé en horas de la tarde con esa persona, tenía reunión, el motivo –para variar– era la pandemia del coronavirus, ¡oh, gran diferencia! Su cargo lo utiliza para maltratar verbalmente, no a una, sino a varias de sus colaboradoras, hasta el punto de hacer llorar a dos de ellas. 

2.- La pandemia que nos invade permite pensar y repensar la forma en que consumimos, grandes tiendas quedaron vacías, el miedo y el egoísmo se apoderó de muchos. El otro se puede quedar sin nada, yo no.

3.- Durante la semana pude ver cómo el dios dinero brilla intensamente en los rostros de algunos, el brillo es tan intenso, como su ego y sus intereses mezquinos, la vida y la salud de los demás no importan ni en lo más mínimo, son simples instrumentos con los que se juega, llegará el día cercano en que sean desechados y sustituidos por otros, que también serán víctima de la mentalidad del descarte.

4.- A la hora de comprar la despensa para el hogar me di cuenta que algunos productos desaparecieron, el costo de otros se elevó descaradamente; el comerciante depredador no se solidariza, no ayuda, saca provecho de las contingencias y desgracias.

5.- Me edificó el ejemplo de una mujer de fe que tomó sabias y rápidas medidas para proteger de la pandemia a todo su personal y a otros que de ella dependen. Las razones que la impulsaron fueron tres: el otro es persona, es hijo de Dios y tiene derecho a la vida y a la salud.

6.- Al ver las actitudes incongruentes y nada inteligentes de nuestro Presidente, en relación con la pandemia del coronavirus, me hice una pregunta: ¿no estaremos gobernados por un enfermo grave de hybris, un fanático o un psicópata? No tengo respuesta.

7.- Aplaudo las medidas efectivas y preventivas que el Gobernador de Tamaulipas tomó el día 17 de marzo con la finalidad de reducir las posibilidades de contagio del coronavirus, y qué mal por quienes con sus acciones actúan criminalmente, poniendo en grave riesgo a la población, parece como si a propósito remaran en contra de lo dispuesto por el mandatario estatal.

Termino con un cuento que me hizo llegar un amigo.

Hubo una vez un rey que amaba mucho a sus súbditos, un día salió a visitar sus territorios y a revisar que todo estuviera bien.

Se encontró con la muerte, le preguntó qué andaba haciendo en su reino, la muerte contestó: vengo a llevarme a 100 de tus súbditos. 

El rey negoció todo el día con ella, al fin quedaron que sólo se llevaría 10.

El rey regresó a su palacio, se durmió, había logrado negociar con la muerte, 90 estaban a salvo.

Por la mañana se enteró el rey de que habían muerto 100 personas de su reino.

Él se puso su capa y su corona, fue en busca de la muerte, la encontró y le preguntó: ¿Por qué no cumpliste tu palabra?  La muerte contestó: yo cumplí como te dije, solamente maté a 10.

El rey le dijo: pero si hay 100 muertos en el reino. La muerte contestó: yo solamente maté 10, los otros 90 se murieron de miedo.

No olvidemos que debemos de cuidarnos y cuidar a los demás, afrontemos el problema con hermandad, solidaridad y valor, no con miedo.

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