Por Juan Sánchez-Mendoza

 

Mañana es el Día del Maestro. Los sembradores de semillas que germinan y florecen con el abono de su enseñanza (sin importar credos, condiciones socioeconómicas o cataduras políticas), que por cierto ha permitido reducir drásticamente los índices de analfabetismo en todo el país.

Acá en Tamaulipas, en comparación con el resto de las entidades que registran 6 personas de cada 100 ‘sin saber leer ni escribir’, el índice oficial marca tan sólo tres –hablamos de 1,100 habitantes–, gracias a los casi 40 mil mentores de educación básica de escuelas públicas y privadas que sus servicios prestan en los 43 municipios del estado.

Y aunque este año no habrá encuentros masivos –a consecuencia del coronavirus–, al menos en la entidad, para reconocerles (públicamente) su labor, por gestiones del secretario general de la Sección XXX del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), José Rigoberto Guevara Vázquez, los ‘profes’ contarán con estímulos económicos como el pago de la quincena, un bono por el Día del Maestro, más el importe de 10 días de salario tabular.

A los que cumplieron 30 ó 40 años de servicio, mañana en los Centros Regionales de Educación del Estado (CREDES) sitos en distintas regiones de la geografía tamaulipeca, se les entregarán medallas, y, según advierto, otro estímulo económico por parte del gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca.

Pero sin aglomeraciones.

Es decir, en horarios distintos (por abecedario) en cada sede.

Por si fuera poco, el líder magisterial informa estar “en negociaciones con la administración pública estatal, en busca de un incremento salarial”.

Empero, por la emergencia sanitaria y la crisis económica derivada de la pandemia, las condiciones no son las mismas que antaño, pues ahora lo más importante es procurar la salud de los niños, adolescentes y maestros en cuanto se refiere al rubro educativo.

Ciertamente la crisis nos ha pegado fuerte a todos, por lo que no debe desesperarse el magisterio.

Y menos cuando su propio dirigente afirma:

“Invito y convoco a mis compañeros, los trabajadores de la educación, a que esperemos el momento de la respuesta salarial. Estuvimos en una mesa de negociación acompañando al maestro Alfonso Cepeda Salas, hace un tiempo, y bueno, estaremos pendientes de ese pliego que se entregó en tiempo y forma a la Secretaria de Educación Pública”.

Hoy, precisamente, Rigoberto sostendrá una videoconferencia con su dirigente nacional para analizar la situación de la demanda salarial, pero a como están las cosas en el país, lo más seguro es que ese incremento sea pospuesto hasta que reiniciar actividades en el sistema educativo nacional.

Como fuere, los maestros entienden.

Y por eso no han bajado la guardia en su apostolado.

Ya los ve dando clases a distancia –aunque los alumnos se ‘quejan’ al según ellos dejarles más tarea–, utilizando sus propias herramientas como la computadora, tablet o teléfono celular, desvelándose para preparar tema y método de enseñanza virtual, todos los días, a fin de que nadie pierda el ciclo que, en realidad, será concluido sin actividades presenciales.

Eso, precisamente, distingue a los maestros.

Y que conste, me refiero a los del sector público como del privado aún cuando estos últimos no tengan quién los defienda.

Pero unos y otros merecen mi respeto y admiración.

Incluso recuerdo, cuando cursé la primaria y secundaria –¡uf!–, a dos ‘profes’ que no sólo se preocupaban por mis bajas calificaciones, sino que a la casa llegaban cuestionando a mis padres por mi bajo desempeño y el fin de semana, con sus propios recursos, me llevaban de excursión junto a otros alumnos ‘problemáticos’.

Aquí en el estado hay maestros que le dieron clases a los políticos de todos los partidos.

¿Y si ellos hablaran…?

Mejor, para no meterme en honduras, simplemente y de corazón digo:

¡Felicidades, maestros!

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