Por Fernando Acuña Piñeiro

 

En lo que parece ser ya prácticamente el inicio de la campaña por la gubernatura, en su partido, MORENA, el senador Américo Villarreal Anaya recibió hace días instrucciones precisas, por parte de Palacio Nacional, para que inicie la guerra política contra el gobierno cabecista, lo que a la postre podría llevarlo a abanderar al obradorismo como el próximo candidato del presidente AMLO al gobierno tamaulipeco.

De acuerdo a lo que se comenta en esta capital, y en otras ciudades  de la entidad, el senador morenista ya está armando todo un equipo de trabajo con diversos grupos y corrientes a lo largo y ancho de la entidad.

Bajo ese posicionamiento, el legislador federal, originario de esta capital, ha tomado ya bajo sus riendas la bandera opositora. Y de aquí en adelante su tarea será la de remar contra corriente, por un lado contra la poderosa maquinaria azul. Y por la otra, resintiendo la grilla de sus propios correligionarios, mismos que se resisten a cederle la delantera de la carrera por la gubernatura.

De continuar el accionar político de Villarreal Anaya rumbo a una potencial candidatura al Gobierno del estado, en Tamaulipas estaríamos ante una revancha político-electoral, en el 2022, de pronósticos reservados.

A continuación les compartimos parte del video dado a conocer por el cardiólogo y senador Villarreal Anaya, en los espacios virtuales de internet:

“Rechazo categóricamente este hecho que pone en riesgo y compromete las finanzas públicas de los tamaulipecos por los próximos veinte años, justificado su aplicación principalmente a inversiones públicas productivas, categorizadas en infraestructura, equipamiento y compras de bienes inmuebles y mobiliario que nada tienen de productivas…

“Así como la constitución –agrega– de fondos de reservas y el pago de gastos y costos derivados de la contratación de financiamientos anteriores. Desde el anuncio de esta noticia, he informado al Presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Senadores, doctor Ricardo Monreal Ávila, así como al Presidente de la Comisión de Hacienda, senador Alejandro Armenta, y a senadores de nuestra fracción parlamentaria de MORENA, quienes están revisando el decreto. Y les he manifestado nuestra preocupación por tan injustificado acto que endeuda a nuestro estado. Y que en un futuro limitará la realización de políticas públicas…

“Presentaremos nuestra inconformidad ante las instancias correspondientes, para evitar el daño que se le quiere hacer a la hacienda pública estatal. Consideramos esta acción como un acto de incongruencia”.

México, dividido y son liderazgo: Un México de calles vacías y de redes sociales en guerra, tratando de llevar agua a sus molinos. Y en medio de ese sordo enfrentamiento, una sociedad mexicana de clases medias desprotegidas y de pobres extremos atrincherados en los programas presidenciales.

¿Cuál de los tantos México(s) que hoy se debaten en el escenario nacional resultará triunfador? ¿El de las pequeñas y medianas empresas que se rascan con sus uñas? ¿El de las élites oligárquicas, que de los apellidos Slim, Azcárraga, Baillères y de más heráldicas ilustrísimas? ¿El de las clases medias erosionadas y abandonadas a su suerte?

¿El México del caudillo AMLO que se niega a reconocer que la historia ya dio un giro completo? ¿O el México de los gobernadores que ambicionan quedarse con el botín político de los próximos años en el país?

Sin tomar en cuenta quiénes son los gobernadores de las entidades federativas donde actualmente se plantea una sensible reforma al llamado Pacto Federal, la lectura que se deriva de esta realidad es que el país hoy más que nunca está dividido, y le hace falta un efectivo liderazgo. El presidencialismo obradorista no es sinónimo de unidad, ni mucho menos de convergencia de criterios.

La pandemia del Covid-19 ha encontrado en nosotros a un país sin rumbo; a un Presidente de la República que aun cree tener 30 millones de votos, y a un grupo de gobernadores que, como los tiburones en mar abierto, ya olfatearon la sangre de la 4T y van a seguir embistiendo y nadando en círculo, sabedores de que el modelito marca AMLO ya llegó a su techo, y de que sólo es cuestión de tiempo para lograr su caída.

Sin embargo, en este choque de intereses el país se está muriendo, no de coronavirus, sino de una enfermedad generada por la ambición y el orgullo de sus dirigentes políticos, que se niegan a sacrificar sus posiciones para ceder en aras de un pacto nacional, donde la sociedad en su conjunto saldría ganando.

En 1977, España le dio al mundo un ejemplo de madurez política, cuando el presidente Adolfo Suárez logró unificar a todos los partidos políticos, a los empresarios y a los sindicatos, en la firma de los llamados Pactos de la Moncloa. Fue un verdadero Pacto de Estado, sobre el cual se erigieron nuevas bases, lo cual dio impulso a una nueva época de desarrollo económico, democrático  y social.

Aquí en México estamos más cerca de la anarquía y el desorden; del divisionismo y del encono, en un país donde todo el mundo hace lo que le viene en gana. Y todos se echan culpas, unos a otros.