Por Juan Sánchez-Mendoza

 

Cuando rindió protesta como presidente del Comité Directivo Estatal (CDE) del tricolor, Edgardo Melhem Salinas se comprometió a ejercer una política territorial. Es decir, ir al encuentro de las estructuras municipales, pues sólo así, dijo, “es posible recuperar la confianza y credibilidad para enfrentar con éxito los retos electorales del 2021 y 2022”.

Fue precisamente el 15 de diciembre del año que nos antecede, frente al dirigente nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, cuando tomó la batuta y, desde entonces, alterna su presencia en la sede priista con recorridos a las localidades que reclaman su visita.

Durante los últimos días del 2019 sostuvo encuentros en la frontera. Y, a partir del inicio de este año, ha combinado sus recorridos foráneos con su labor ejecutiva para cambiar algunas prácticas que molestaban a militantes como el reservado de cajones de estacionamiento –ahora todos los lugares son libres–, la desatención al personal –él saluda de mano a quien se topa en el camino–, y la negativa de audiencia –Melhem practica un ejercicio de puertas abiertas–, pues si algo le han enseñado los años es, precisamente, el respeto a sus semejantes.

Anteayer atendió una apretada agenda en la sede priista. Igual ayer en la mañana y por la tarde viajó a cumplir compromisos a otros municipios.

De buen fuente sé que hoy entregará nuevos nombramientos.

Obvio, acá en Ciudad Victoria, para cumplimentar su equipo de trabajo y, a partir de entonces, emprender acciones encaminadas a la renovación de los 43 comités municipales y organismos adherentes al partido, aunque hay dirigentes sectoriales que se rehúsan a su propio relevo.

La tarea no es sencilla, pues Melhem Salinas debe concretar acciones en cuando mucho ocho meses, ya que en septiembre próximo, se instalará el proceso electoral 2020-2021 para elegir alcaldes, diputados federales (9) y legisladores locales (22).

Además síndicos y cualquier cantidad de regidores.

En contra tiene un bajo presupuesto que apenas alcanza para cubrir la nómina, pues por disposición legal el PRI recibiría mensualmente, si acaso, 2.4 millones por financiamiento público, menos el descuento que le aplique el Instituto Nacional Electoral (INE) por multas generadas en 2018 y 2019.

Sin embargo, Edgar está decidido a recuperar posiciones y parte de su otrora llamada clase política que, por cierto, dejó solo al partido por falta de liderazgo, pero sí tiene forma de invertirle a este proyecto de resurgimiento.

Más ahora que el efecto lópezobradorista luce disperso.

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