Por Juan Sánchez-Mendoza

 

Uno de los planteamientos de Andrés Manuel López Obrador para regresar a la ‘nueva normalidad’ –en cuanto concluya la jornada nacional de la Sana distancia–, es incorporar a la lista de actividades esenciales la construcción como la minería y la fabricación de equipo de transporte.

Además, su plan contempla liberar de restricciones a los municipios en donde no se hayan presentado contagios (y sean vecinos de otros, también libres de infecciones), para reanudar tareas educativas y laborales.

Un tercer punto de su proyecto es que todos los establecimientos y las empresas apliquen medidas sanitarias de manera obligatoria, en el entorno laboral.

Y el cuarto, es que a partir del uno de junio, la Secretaría de Salud, por medio de un semáforo, defina semanalmente qué estados podrían abrir sus actividades económicas, educativas y sociales.

Obviamente esto se aplicaría según el comportamiento de la epidemia.

Hace dos días 31 gobernadores dialogaron, en videoconferencia, con la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y otros funcionarios del gabinete federal, para intercambiar puntos de vista sobre la reactivación. Y, por supuesto, ahí les adelantaron los cuatro puntos esenciales del proyecto presidencial.

Pero no alcanzaron acuerdos.

Y no porque en cada entidad la situación luce diferente.

De cualquier forma, ayer, López Obrador hizo el anuncio para levantar la emergencia sanitaria (a partir de junio próximo) de manera centralista, pues la Secretaría de Salud (federal), sólo contempla a los municipios con mayor número de contagios, hasta el momento, cuando la realidad es que a diario brotan nuevos casos en casi todos los rincones del país.

Aquí en Tamaulipas, ya suman 35 (de 43) los municipios con casos de Covid-19; y aunque sólo en 9 se ha agudizado la crisis son estos los que al estado le significan gran parte de su economía y desarrollo.

Hablamos de Matamoros, Tampico, Victoria, Ciudad Madero, Altamira, Nuevo Laredo, Reynosa, Río Bravo y El Mante.

Todos ellos son vecinos de otros que, admítase o no, dependen de las actividades esenciales de estos y, por supuesto, los más cercanos también ha registrado contagios.

A salvo quedan sólo los municipios más pobres del estado (8), pues se trata de localidades rurales casi abandonadas porque sus jóvenes están en la Unión Americana, empleándose en la pisca. Y los niños que hay carecen de maestros, mientras los adultos mayores trabajan su tierra y poco apoyo, por cierto, les llega por parte de la Federación.

¿Sabrá esto el Presidente de la República?

Me imagino que en otras entidades ocurre igual.

¿Entonces cómo tomar medidas aplicando un mismo rasero?

Hay que abrevar en la Unión Americana –por citar sólo al país vecino del norte–, donde sus autoridades levantaron la emergencia sanitaria y el rebote ha sido peor.

¿Habrá medido el tabasqueño el alcance de su disposición?

¿Acaso no es más conveniente apoyar a los estados en su lucha para contener la propagación del coronavirus que andar inventando semáforos?

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