Por: Fernando Acuña Piñeiro.

 

En Reynosa, no está en juego ningún tipo de ideologías. Ni de izquierda ni de derecha. Se trata de una guerra entre grupos, de gente adinerada que busca o bien permanecer en el poder para seguir haciendo negocios, o bien arrebatarle el ayuntamiento a quienes actualmente lo ostentan, para convertirlo en un bunker de mercenarios y corrupción. No hay ninguna diferencia.

Ambos bandos están cortados por la misma tijera.

Da pena ajena, por no decir que asco, ver como la llamada joya de la corona electoral, luce convertida en un pantano de pestilentes miasmas políticas, donde lo  único que importa es ver quien se queda con el botín, al estilo de las viejas mafias de Chicago, en los años veinte.

La podredumbre se refleja en los nombres de los alias de los candidatos: el célebre Chuma y el Makito. Dos referentes de las gavillas políticas  que  a estas alturas han superado con creces  aquellos pleitos encarnizados por el control del transporte  entre  José  Cruz Contreras y Reynaldo Garza Cantú, en los años ochenta. Al lado de lo que ahora se vive, aquellas  eran simples disputas artesanales.

En Reynosa, todos los grupos económicos y políticos,  empezando por el abanderado del PAN, José  María Moreno Ibarra tienen larga cola  que les pisen.  Hablando del embajador del cabecismo, de su paso por la COMAPA,  hablan testimonios  como el del abogado laboral  Jorge Dosal Hernández, mismo que en su momento denunció  una danza millonaria de maridajes y  corruptelas.

En la esquina contraria, la familia Peña Ortiz, señalada como un clan enamoradizo del poder político, que fue capaz de convencer a las cúpulas nacionales del morenismo, para presuntamente comprar una candidatura a la alcaldía, para  el cachorro de la matriarca Maki.

Pero si los anteriores grupos  están desprestigiados,  veamos el tema de un empresario  como Rigo Ramos, mismo que en su momento asumió una actitud de adalid político del pueblo reynosense, denunciando gallardamente al gobernador Cabeza de Vaca por hostigarlo y tratar de sacarlo del juego político. Eso fue  cuando Rigo aparecía en las ruedas de prensa, acompañando a personajes monrealistas como Alejandro Rojas Díaz  Durán. Después  las cosas cambiaron.

Pero  el empresario gasolinero quien en diciembre de 2020,desde la tribuna del Congreso local,  decía que el gobierno estatal del PAN , pretendía  criminalizar a la oposición en el estado, hoy apoya al político más recalcitrante del cabecismo en Tamaulipas.

El pasado 11 de mayo, Rigo Ramos declaró públicamente su respaldo a Gerardo Peña, porque, “es leal, es congruente y da la cara”. Conceptos muy diferentes  dedicó RR al Congreso local cuyo control y operación política estaba a cargo de Gerardo Peña, en diciembre de 2020, cuando denunció el autoritarismo prevaleciente en la legislatura estatal y manifestó que, “la mayoría de Acción Nacional se comporta como pandilla, prefiere callar las voces discordantes, antes que debatir lo que le conviene a Tamaulipas”.

Sea porque Rigo ya le invirtió lana y quienes le ofrecieron la candidatura en MORENA al final no le cumplieron,  o sea porque de pronto se convenció de que el PAN es la mejor opción para Reynosa, con tal de vencer al matriarcado de Maki, lo cierto es que hoy, el señor Ramos y el alter ego, ( Chuma) del gobernador a quien el tanto atacó desde la tribuna del Congreso local, hoy comen en el mismo, plato, como hermanitos.

En Reynosa, Rigo dice que él  sigue siendo morenista, pero que apoya con todo a Chuma. ¿Le vería alguna cualidad ética o moral a José María Moreno Ibarra? ¿Acaso hubo algún acuerdo de carácter  económico? ¿O el odio político que siente hacia la dama que lo desplazó de su candidatura a la alcaldía es el principal móvil  de su insólita muda hacia las posiciones de quienes antes eran sus adversarios?

El 19 de abril de 2020, los diputados locales del PAN, se le fueron encima al diputado  Rigoberto Ramos.  Uno de ellos Alberto Lara Bazaldúa le dijo: “no avergüences a MORENA, el partido que te ayudó en una rifa a ser diputado, los verdaderos morenos son los que defendieron allá su voto,  ellos sí tienen credibilidad”.

Avatares propios del pragmatismo a ultranza en Reynosa. ¿A quien creerle?

Pareciera que la realidad política y sus paradójicos reacomodos , no ha dejado títere con cabeza o mejor dicho, con credibilidad.

En  este punto volvemos al origen de nuestro comentario:

En Reynosa , más que una lucha política entre partidos, lo que se observa es una guerra de mercenarios.

POSDATA: Dice Rigo Ramos que él sigue siendo morenista. ¿Qué opina de ello el dirigente nacional de este partido Mario Delgado? Lástima, porque los monrealistas aun no controlan a la marca guinda. De ser así, otro gallo le cantaría al buen Rigo.

¿Vamos bien o nos regresamos?

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