Por Melitón Guevara Castillo

Tal y como lo pidió el presidente AMLO en una de sus ‘mañaneras’ ya empezaron a aparecer los videos de Lozoya.

Por todo lo que se ha publicado, creo que todos los mexicanos tenemos la certeza de que Emilio Lozoya es un corrupto; es la sentencia de la opinión pública y, por algunos de esos hechos, es que está oficialmente detenido (en su casa) para ser juzgado. Sin embargo, por los vericuetos de la ley, lo están cuidando… para que entregue a un pez mayor.

Lozoya es culpable y acepta esa culpabilidad cuando está de acuerdo en reparar el daño ocasionado por sus actos y hace la entrega de dos de sus mansiones, millonarias. Y para librar la prisión, digamos en buen número de años, está culpando a todos los que participaron en los sobornos, que afirma fueron ordenes de Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray.

La opinión pública 

Cuando el presidente AMLO demanda, solicita, apremia, a que se den a conocer los videos de Lozoya, está marcando el rumbo de la justicia de la 4T: el de la opinión pública.

Descobijarlos, desnudarlos, con tal de que la población afiance su idea de la tremenda corrupción que imperó, no sólo en el gobierno de Peña Nieto, sino en todos los gobiernos de corte neoliberal. En principio, creo, no tiene nada de malo que se divulguen.

Queda, sin embargo, una duda: ¿Por qué esos videos no van acompañados del correspondiente juicio penal?

Si, para que paguen lo que hicieron. Tengo la impresión que a estas alturas eso no le interesa al presidente AMLO. El sólo quiere castigar, digamos, a los jefes. Por eso se menciona que tienen que declarar Peña Nieto, Calderón y hasta Salinas de Gortari.

Quiere las cabezas, no los brazos.

Experiencia mediática 

Lo que son las cosas, hoy AMLO empuja, promueve que se exhiban videos de personas que recibe dinero, se entiende, producto de sobornos para aprobar y hacer cosas que al paso del tiempo impactaron la vida pública de México.

Sin embargo, esa fue precisamente una etapa que vivió en su momento AMLO. Los video escándalos iniciaron precisamente cuando fue Jefe de Gobierno e involucraba a personas de su gabinete.

El caso más conocido fue el de René Bejarano recibiendo fajos de billetes que hasta en las bolsas se colocaba. El protagonista principal fue Carlos Ahumana, cuando era cuatacho de Rosario Robles; que entregaba dinero y más dinero. Ya fue juzgado, ahora está en Argentina; el Gobierno mexicano pidió su extradición por evasión fiscal y la petición fue negada.

Hubo otros casos, como el de Carlos Imaz y hasta de su tesorero Gustavo Ponce, apostando en Las Vegas.

Imagen pública 

La imagen pública lo es todo. Hoy en día, para las elecciones se pide que sean candidatos honestos, pero que no basta serlos, hay que evidenciarlo. Y es que, cansados de la corrupción y la impunidad, el hartazgo popular de la corrupción priista fue como a nivel nacional voto, en la elección pasada, por AMLO y su promesa de combatir la corrupción; igual sucedió en Tamaulipas, le dieron la espalda al PRI y buscaron otra opción, siendo beneficiado el PAN con Francisco Javier García Cabeza de Vaca.

Construir una imagen tarda años de trabajo y de exposición a la opinión pública. Terminarla, basta un instante, una imagen en las redes sociales, un desliz en un evento público. Y a eso le apuesta, sin la menor duda, el presidente AMLO. Que se destape la cloaca de la corrupción, que se vean las imágenes de políticos y legisladores guardando el dinero, para que la población sepa, entienda, constate que se venden, que su valor es el dinero y no el servicio público…

Le basta el juicio de la opinión pública.

Videos de muerte 

Los videos de Lozoya ya rinden frutos. A él le permiten seguir viviendo en libertad, en la comodidad de su casa, haciendo fiestas, disfrutando de la vida. En cambio a sus protagonistas, con todo y que no haya orden de aprehensión en su contra –el video puede no ser considerado prueba–, ya les cambio el ritmo de su vida. Unos van a correr, a escaparse, otros buscaran amparos, sabiendo que ya no pueden culpar a otros… ya les gano Lozoya.