Palacio Nacional, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, dejó de ser un inmueble ornamental de la Presidencia para convertirse en el punto neurálgico de la administración de Andrés Manuel López Obrador.

En gobiernos pasados, el histórico recinto se utilizaba solo para eventos protocolarios, como la recepción de líderes mundiales o la ceremonia del Grito de Independencia y el Desfile Militar del 16 de Septiembre.

Salvo dichos momentos y algunos extraordinarios, la vida en el inmueble transcurría entre vallas y el peregrinaje de visitantes nacionales y extranjeros, que acudían a contemplar los murales de Diego Rivera y la casa-museo de Benito Juárez.

Tras el triunfo de López Obrador en julio de 2018, Palacio Nacional se “desempolvó” y retomó protagonismo; el 3 de julio, dos días después de ganar la elección presidencial, López Obrador tuvo su primer encuentro con el expresidente Enrique Peña Nieto en este recinto. La postal fue histórica.

“Ahora tengo que reconocer que en este proceso electoral, el presidente Peña actuó con respeto y las elecciones fueron, en lo general, libres y limpias”, dijo en aquel momento el hoy jefe del Ejecutivo.

El segundo encuentro fue en agosto, luego que el tabasqueño fue reconocido como presidente electo por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Cuando era candidato, López Obrador aseveró que nunca habitaría Los Pinos, que era la residencia oficial de los presidentes de México, desde Lázaro Cárdenas en la década de 1930.

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